PARROQUIA DE SAN CRISTÓBAL - LA HIGUERITA - LA LAGUNA

 

 

   

TIEMPO DE CUARESMA

     La Cuaresma es un periodo del tiempo litúrgico, de cuarenta días de duración, que comienza el Miércoles de Ceniza y finaliza el Domingo de Ramos.

     De manera semejante como el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para ingresar a la tierra prometida, la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se prepara durante cuarenta días para celebrar la Pascua del Señor. Si bien es un tiempo penitencial, no es un tiempo triste y depresivo. Se trata de un tiempo especial de purificación y de renovación de la vida cristiana para poder participar con mayor plenitud y gozo del misterio pascual del Señor.

     La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión. Este camino supone cooperar con la gracia, para dar muerte al hombre viejo que actúa en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan de Dios, y, por consiguiente, conseguir ser liberados por su amor.

     La Cuaresma es uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico y ello debe verse reflejado con intensidad en cada una de las celebraciones y actos que realizamos, para poder vivir toda su riqueza espiritual.

     ¡Aprovechemos y vivamos con intensidad esta Cuarsma!

   

COMIENZA LA MISIÓN

     El Plan Diocesano de Pastoral nos propone para los años 2017-2019: «Acompañar y Fructificar». Concretamente, en este curso, nos vamos a centrar en el «Acompañar». Estamos en camino. «Una Iglesia en salida» es el horizonte que el Papa Francisco nos propone en su Exhortación.

 

     Entramos ya en el recorrido misionero que nos renovará como discípulos del Señor. La misión nos pone ya en actitud de salida para llevar el Evangelio a nuestros hermanos y hermanas en nuestra parroquia, en nuestro barrio y en nuestro ambiente.

 

     Comenzamos, pues, la misión evangelizadora. Eso nos llevará a un cambio de actitud, a un sentido más profundo de pertenencia a la Iglesia, a un refuerzo en la oración y a un estilo de vida distinto que se tiene que traducir en nuestro trato con los hermanos, sobretodo con los alejados. Acompañar llenos de la ternura de Dios, ejercitar el arte de la escucha por más duros que sean los problemas, tener paciencia y aguante apostólico...

 

    Nuestro modelo es Jesús y nuestra fuerza el Espíritu Santo. ¡No tengamos miedo! Nos dice el Señor, él estará junto a nosotros. Él es el gran protagonista de la misión, nosotros sólo sus instrumentos.

 

     ¿Te apuntas a ser discípulo misionero activo de Jesús? Él nos necesita, aquí y ahora, para seguir anunciando el Reino de Dios, la Buena Nueva de su mensaje.