PARROQUIA DE SAN CRISTÓBAL - LA HIGUERITA - LA LAGUNA

 

 

   

TIEMPO DE PASCUA

 

 ¡CRISTO RESUCITADO ILUMINA NUESTRA LIBERTAD!

 

 Jesús resucitado, que sienta la paz que me muestras.

Que no se cierren mis puertas por el miedo,

que me aferre al Espíritu que me regalas,

para vivir intensamente el compromiso de sentirme enviado.

Señor y Dios mío, perdona mis debilidades, mis dudas, mis temores...,

porque aún siendo, a veces, como Tomás, deseo buscarte, estar contigo,

porque aunque me encierren en mis silencios o en mis ruidos, en mis comodidades o en mis ocupaciones...,

tú sabes cómo entrar en mi vida, cómo hacerla distinta, cómo insuflar aíre en mis vacíos y oxigenar mi alma endurecida.

Que el Espíritu renovado de la resurrección,

nacido de la victoria sobre la muerte y alimentado por el amor más generoso,

impulse mi fe, mi permanencia en ti,

y aliente el ánimo modesto de quién quiere quererte, seguirte y responderte.

Tu amor es mi paz, mi paz es tu perdón,

y tu perdón es mi camino de testimonio al amparo de tu fuerza.

 

¡Cristo ha resucitado! y desde hoy vive en ti y en mi, vive en el hermano que está a tu lado y en cada una de las situaciones que ocurren a tu alrededor.

¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

 

 

   

COMIENZA LA MISIÓN

     El Plan Diocesano de Pastoral nos propone para los años 2017-2019: «Acompañar y Fructificar». Concretamente, en este curso, nos vamos a centrar en el «Acompañar». Estamos en camino. «Una Iglesia en salida» es el horizonte que el Papa Francisco nos propone en su Exhortación.

 

     Entramos ya en el recorrido misionero que nos renovará como discípulos del Señor. La misión nos pone ya en actitud de salida para llevar el Evangelio a nuestros hermanos y hermanas en nuestra parroquia, en nuestro barrio y en nuestro ambiente.

 

     Comenzamos, pues, la misión evangelizadora. Eso nos llevará a un cambio de actitud, a un sentido más profundo de pertenencia a la Iglesia, a un refuerzo en la oración y a un estilo de vida distinto que se tiene que traducir en nuestro trato con los hermanos, sobretodo con los alejados. Acompañar llenos de la ternura de Dios, ejercitar el arte de la escucha por más duros que sean los problemas, tener paciencia y aguante apostólico...

 

    Nuestro modelo es Jesús y nuestra fuerza el Espíritu Santo. ¡No tengamos miedo! Nos dice el Señor, él estará junto a nosotros. Él es el gran protagonista de la misión, nosotros sólo sus instrumentos.

 

     ¿Te apuntas a ser discípulo misionero activo de Jesús? Él nos necesita, aquí y ahora, para seguir anunciando el Reino de Dios, la Buena Nueva de su mensaje.